HOY ELIJO QUE EMPIECE EL RESTO DE MI VIDA


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HOY ELEGIMOS VIVIR 

Es un intento de dar un poco de felicidad a los enfermos de fibromialgia. Un espacio libre de opinión donde todos podemos opinar.

Hay cosas que ya las doy por perdidas, aunque sepa dónde encontrarlas

De María Díaz.

no-te-rindas-nunca. Buenos días:

He encontrado este artículo en La Mente es Maravillosa escrito por Valeria Sabater, en el que nos habla de cómo nos ilusionamos con proyectos, muchas veces sin llegar a medir ciertamente el coste emocional que tiene o si la “devolución” de cuidados, respeto, entrega, etc. es igual o similar, -cuantitativa y cualitativamente- a la que nosotros entregamos. Esto es algo que, en principio, nuestra idea romántica de mantener algo, nos puede llevar a una inversión emocional donde descuidamos nuestra propia autoestima y donde el coste es mucho mayor a lo recibido. Ahí empiezan los conflictos dentro de cada persona y debemos aprender a romper con ese tipo de relación a tiempo, para que no se termine deteriorando ni nuestra autoestima ni la transformación que podemos llegar a hacer de esa relación. 

Valeria Sabater 16, julio 2015

Hay cosas que he dejado atrás y aunque sepa dónde encontrarlas sé que la vida es a veces un viaje sin retorno. Pero, no tengo miedo ni me arrepiento de nada, porque sé por lo que vale la pena luchar y reconozco también qué batallas son inútiles…Esas por las que no merece la pena salir herido.

¿Cuántas cosas has dado por perdidas en tu vida? En ocasiones cuesta verlas, cuesta darse cuenta de que cada esfuerzo que invertimos, cada aspecto al que renunciamos por determinadas por personas o por algunos proyectos, son como las hebras del humo escapando por una ventana abierta.

La razón por la cual nos cuesta percibir que todo lo que hacemos en ocasiones no va a servir de mucho, es por el propio coste emocional. Por la ilusión, por los sueños, por las esperanzas. Son estas emociones positivas las que nos dan aliento cada día, y ellas las que más de una vez, nos ponen vendas en los ojos.

Hasta que llega la decepción, hasta que llega ese instante en que nos damos cuenta que la balanza de la vida está algo desequilibrada, que ya no nos queda nada, que no hemos recibido nada y que ese sueño, era un mal sueño.

¿Hemos obrado mal? ¿Hemos quizá de arrepentirnos por todo lo hecho? Nunca. Quién no lucha por sus sueños no es valiente, quien no batalla por sus ilusiones no alcanza la luna. Siéntete orgulloso por tu coraje, pero recuerda que una retirada a tiempo, también es de prudentes y de sabios…

Esas batallas inútiles en nuestra vida…

Empezaremos señalando algo importante: nadie sabe que una batalla o un sueño ha sido inútil hasta que la realidad, nos impacta con toda su crudeza. Hasta entonces, toda ilusión va a nutrir cada paso y cada pensamiento, cada esfuerzo y cada acto invertido.

No importa si estamos hablando de un trabajo, de una amistad o de una relación de pareja. La vida es una larga sucesión de momentos en los que ponernos a prueba, de capítulos de los que disfrutar, por los que luchar y de los que aprender. Porque aprender es esa clave vital que debe vertebrar cada día de nuestra existencia.

Es posible que hayas cometido errores y que a estas alturas, hayas dejado ya muchas cosas por perdidas. ¿Debes lamentarte por ello? En absoluto. Lamentar un error es alimentar la amargura por una elección hecha en un momento de nuestra vida.

Los errores se asumen, se entienden, se procesan y se integran en eso que llamamos “baúl de las experiencias”. Y si esos momentos vividos te traen malos recuerdos, no los alimentes cada día, no les lleves flores. Los recuerdos desagradables deben sustituirse por el aquí y ahora, por la felicidad de hoy.

Ninguna batalla es inútil porque es vida vivida y experiencia adquirida. No obstante, no olvides que lo más importante de todo esto es saber darnos cuenta lo antes posible de que ese proyecto, no merece nuestros esfuerzos. De que esa relación, no merece nuestras renuncias ni nuestro sufrimiento.

¿Cuándo es el momento de “dar algo por perdido”? 

Puede resultar una pregunta obvia, pero en realidad no lo es y por ello vamos a ahondar en este aspecto. De hecho, es muy posible que ahora mismo muchos de nosotros estemos alimentando esperanzas y proyectos en una dimensión que no lo merece o “que no nos merece”.

Veámoslo a modo de reflexión en los siguientes puntos:

1. El poder de las falsas expectativas

Hay veces que caemos en el error de culpabilizar a los demás de alimentar en nosotros falsas ilusiones, cuando en realidad, es posible que la responsabilidad recaiga en nuestra parte. Hay quien pone sus miras en ese trabajo soñado, cuando es posible que ni tenga la formación ni las aptitudes.

También hay quien fija todas sus emociones y ansiedades en una persona que en realidad, nunca le ha dado pista alguna de que sienta algo por él o por ella. Es decir, nunca debemos perder de vista la objetividad, el equilibrio y las perspectivas.

2. El coste emocional

Esa fuerza interior que tenemos los seres humanos llamada emoción, es en realidad un motor tan poderoso como peligroso. En ocasiones nos hace darlo todo, hasta nuestro último aliento por esa persona amada, por ese sueño ansiado.

No vemos los límites y abrimos nuestro corazón sin leer el manual de instrucciones, ese que como primera regla debería decirnos “sé prudente, mira por ti, protege tu autoestima”. No obstante, no siempre lo hacemos.

Debemos aprender a ser más receptivos, a decirnos a nosotros mismos que también merecemos RECIBIR. ¿Te ofrece esa amistad apoyo, complicidad, respeto y reconocimiento? Entonces sigue adelante.

¿Te da esa relación afectiva felicidad, alimenta tus ilusiones? ¿Invierte en ti tanto como tú lo haces, ha renunciado a algo tal y como has tenido que hacer tú en alguna ocasión? Si no es así, reflexiona y toma una decisión.

Daremos por perdido toda cosa o toda persona que se nutre de los egoísmos, que no nos reconoce, que nos quita las fuerzas e ilusiones en lugar de enriquecernos. Avanza y cierra puertas, sabes muy bien dónde están pero también tienes muy claro dónde DESEAS ESTAR TÚ.”

En el fondo creo que está muy relacionado con las personas que padecemos fibromialgia, porque somos normalmente, “cuidadores” y atendemos de esa manera a nuestra relación. Creo que muchas cosas cambiarían si aprendiéramos de verdad a cuidarnos a nosotros mismos más que al resto de los que están en nuestro mundo.

Gracias por leerme, les mando besos y abrazos de algodón rogándoles que compartan para poder ayudar a más personas.

FIBROMIALGIA. LA INSEGURIDAD QUE PROVOCA UN CUERPO ENFERMO

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